sábado, 25 de enero de 2014

Más que nadie nunca.

A veces nos creíamos poetas y le aullábamos a las estrellas porque la luna ya se lo creía demasiado. Y es que me miraba con cara de 'joder, que musa eres' mientras bebíamos chupitos de tequila, y yo sólo quería morirme en la autopista de su cuello. Coger un desvío, el atajo que me lleve a la ruina, que me salve de ella, vivir por y para buscar puntos débiles, porque sepáis que los tiene, y los suyos tienen forma de lunares, o forma de ombligo, no demasiado redondo, perfecto para ser mi gran debilidad. Se ganó a pulso convertirse en mi superhéroe favorito, mejor que los de Marvel, claro. ¿Que cómo ha dado trescientos sesenta grados a mi mundo? Intentad explicarmelo y yo intentaré contaros por qué no quiero saberlo, que sólo me vale tenerlo, que sólo sus besos me salvan, que sólo por él vive ésto, latiendo. Rompió el mapa que llevaba al tesoro y fue él quien me guió con los ojos cerrados. Escarbé hasta encontrar una guindilla disfrazada de corazón. Pica. Y me gusta. Quiero más...

Mira cómo nos miran. No es envidia, es rabia. ¡Que te tengo cerca!
Más que nunca nadie. Más que nadie nunca.

3 comentarios:

  1. "Escarbé hasta encontrar una guindilla disfrazada de corazón". Que manera más perfecta de expresarte. Mil gracias por escribir, haces que leerte sea un placer.

    D.

    ResponderEliminar
  2. Creerse poeta es casi tan bonito como enamorarse de uno.

    ResponderEliminar